En medio de música, tradición y profundo sentimiento, Barranquilla le dio el último adiós al maestro Pedro Ramayá Beltrán, uno de los más grandes exponentes del folclor del Caribe colombiano.
La tarde de este lunes 13 de abril, familiares, amigos, artistas y portadores de tradición se reunieron para rendirle un sentido homenaje, en el que la flauta de millo y la gaita fueron protagonistas. Las melodías de sus canciones más emblemáticas acompañaron la despedida, evocando su legado y la huella imborrable que dejó en la música tradicional.

Durante la ceremonia, distintas organizaciones culturales, así como Carnaval de Barranquilla, la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Soledad, entregaron reconocimientos póstumos, destacando que el legado del llamado “Rey del millo” trasciende generaciones y constituye un patrimonio sonoro invaluable del Caribe colombiano.
El homenaje contó además con la presencia de su discípulo, el músico Joaquín Pérez Arzuza, y del investigador y gestor cultural Jorge Jimeno, quienes resaltaron la importancia de Ramayá como maestro, formador y guardián de las tradiciones. Ambos coincidieron en que su obra seguirá viva en cada interpretación de cumbia y en cada escenario donde suene la flauta de millo.

Medios regionales han destacado que la despedida del maestro se convirtió en una verdadera celebración de vida, en la que la música —como él siempre quiso— fue el lenguaje para honrar su memoria. No hubo silencio, sino notas que recordaron su aporte a la cumbia moderna, su paso por agrupaciones tradicionales y su influencia en nuevas generaciones de músicos.
Pedro ‘Ramayá’ Beltrán no solo fue un intérprete virtuoso, sino también un innovador que ayudó a transformar la cumbia y a llevarla a nuevos escenarios, sin perder su esencia. Su legado, reflejado en temas que hoy son himnos del Carnaval de Barranquilla, seguirá sonando en cada fiesta, en cada comparsa y en el corazón de quienes mantienen viva la tradición.
Barranquilla lo despidió como vivió: entre música, cultura y pueblo. Y aunque su partida deja un vacío en el folclor, su sonido seguirá siendo eterno.