El terremoto del 10 de agosto de 2026 dejó una afectación considerable en la estructura de la Iglesia católica en el Quindío, con 18 templos afectados, nueve casas curales con daños importantes, siete casas religiosas o de vida consagrada y tres instancias diocesanas comprometidas.
Mientras la Diócesis de Armenia avanza en la evaluación de los daños y busca recursos para la recuperación de los templos, la Iglesia católica en Colombia ya recibió una primera ayuda internacional. El Vaticano destinó 100.000 euros a las diócesis afectadas por el terremoto en el país, a través de la estructura eclesiástica nacional.
A este respaldo se suman las gestiones de empresarios interesados en apoyar la recuperación mediante obras por impuestos, una alternativa que todavía depende de una decisión del Gobierno Nacional y que podría convertirse en otra fuente de financiación para las estructuras religiosas afectadas.

En medio de la búsqueda de recursos, también surgió el debate sobre si el Estado debe participar en la recuperación de los inmuebles de la Iglesia. Frente a las posiciones que cuestionan el uso de recursos públicos para estos espacios, el obispo de Armenia, monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, recordó que la Iglesia católica también tiene obligaciones tributarias en Colombia.
“La Iglesia católica en Colombia tributa. Nosotros pagamos a la DIAN los impuestos como corresponde”, afirmó el prelado, quien explicó que también se cumple con el pago del impuesto predial en los casos correspondientes y se tramitan ante las entidades respectivas los documentos relacionados con las exenciones.
A partir de esa consideración, Quintero Gómez sostiene que los templos afectados por el terremoto deberían ser tenidos en cuenta dentro de las acciones de recuperación. “Si como ciudadanos estamos tributando, pues también tendría que haber una mirada especial hacia la Iglesia en Colombia”, sostuvo el obispo, quien además destacó el papel que cumplen estos espacios en la vida de las comunidades.
Sin embargo, la Diócesis de Armenia no espera que la recuperación dependa exclusivamente de recursos estatales. Mientras se define el alcance de los daños y el costo de las intervenciones, la Iglesia ya explora distintas fuentes de financiación, entre ellas los seguros, las donaciones particulares, los eventuales aportes empresariales y los recursos que puedan llegar a través de las propias estructuras eclesiásticas.
Empresarios quieren aportar mediante obras por impuestos
Una de las alternativas que ya está sobre la mesa surgió desde el sector privado. El obispo reveló que algunos empresarios y comerciantes se han acercado para plantear su disposición de contribuir directamente a la recuperación de los templos.
“Si nos permiten realizar obras por impuestos, nos comprometemos con la iglesia”, fue, según relató el obispo, el planteamiento recibido por parte de algunos empresarios.
Sin embargo, esta posibilidad todavía no está habilitada para este caso. Quintero Gómez explicó que será necesario esperar la determinación del Gobierno Nacional para conocer si este mecanismo podrá utilizarse en la recuperación de las estructuras religiosas afectadas.
Mientras tanto, la Diócesis decidió concentrar las donaciones en su propia estructura para evitar que los recursos se dispersen. Cualquier persona, empresa o comerciante que quiera contribuir podrá hacerlo a través de la Diócesis de Armenia, que será la encargada de garantizar transparencia, informes sobre el manejo del dinero y coordinación con los sacerdotes de cada jurisdicción.
18 templos tienen daños y algunos enfrentan decisiones críticas
La magnitud de la afectación no es igual en todos los municipios. De los 18 templos afectados, ocho presentan daños graves, ocho afectaciones moderadas y cuatro leves. A esta lista se agregan nueve casas curales muy afectadas, siete casas religiosas o de vida consagrada y tres instancias diocesanas.
Uno de los casos que requiere mayor cuidado es el templo Jesús María y José de Quimbaya. Frente a las versiones que hablaban de una posible demolición, el obispo explicó que los ingenieros utilizan el término “desmontar”, una operación que busca retirar de manera controlada las partes comprometidas para evitar que toda la estructura tenga que ser demolida.
El procedimiento, según explicó, debe hacerse con especialistas y una coordinación minuciosa, debido al riesgo que existe al retirar las estructuras superiores. La prioridad es evitar que las cúpulas y la torre se desplomen sobre el templo y generen un daño mayor, incluso en el parque del municipio.
En Montenegro tampoco existe todavía una decisión definitiva sobre el futuro del templo. El edificio presenta daños importantes y, mientras algunas voces plantean su demolición, otras consideran que parte de la estructura podría recuperarse.
La situación es especialmente delicada porque, según relató Quintero Gómez, si una de las paredes del presbiterio llegara a caer, podría destruir completamente la casa cural. De hecho, durante el terremoto, los sacerdotes y la persona encargada de los oficios domésticos alcanzaron a salir del lugar antes de que se hundiera el techo de la casa cural, que posteriormente quedó inservible.
El templo y convento de los frailes menores de San Francisco, frente al parque, también presentan afectaciones muy graves. La parroquia y el convento prácticamente no son habitables, por lo que los religiosos permanecen temporalmente en una vivienda ubicada en El Caimo.
Para determinar qué puede recuperarse y qué debe ser intervenido, la Diócesis está trabajando con los responsables de cada parroquia. Las mesas técnicas de la Diócesis y de los templos revisan los conceptos de los ingenieros antes de tomar decisiones definitivas.
El Vaticano ya envió 100.000 euros y viene otra colecta
Mientras se define la participación del Gobierno Nacional y se conocen los resultados de los seguros, la Iglesia ya cuenta con un primer aporte internacional.
El obispo confirmó que el Vaticano, a través del papa León XIV, envió una primera contribución de 100.000 euros, recursos que ya fueron reportados ante la Conferencia Episcopal de Colombia.
A ese dinero se sumará la colecta Donanobis, programada para el 30 de agosto. De acuerdo con Quintero Gómez, aunque tradicionalmente esta colecta se destina a los vicariatos apostólicos y a la evangelización en Colombia, este año tendrá una destinación especial debido a la emergencia: apoyar a los 15 departamentos afectados y a más de 430 municipios.
Por eso, los recursos para la recuperación de las iglesias tendrán diferentes procedencias. A los aportes del Vaticano y de la colecta se podrían sumar las donaciones particulares, los recursos de las aseguradoras, eventuales aportes empresariales y, si el Gobierno Nacional lo determina, mecanismos como las obras por impuestos.
Los seguros serán otra pieza clave
La Diócesis todavía no puede decir cuánto costará recuperar todos los inmuebles afectados. El obispo considera que entregar una cifra en este momento sería irresponsable porque cada parroquia apenas está preparando sus presupuestos para presentarlos a las compañías aseguradoras.
Quintero Gómez recordó que, desde su llegada a la Diócesis, ha insistido en la importancia de asegurar los templos. La mayoría de los templos y casas curales del departamento estaban asegurados, aunque algunos edificios, debido a su antigüedad, no podían acceder a este tipo de cobertura.
El objetivo será utilizar primero los recursos que correspondan a cada póliza y posteriormente complementar las necesidades que permanezcan con las demás fuentes de financiación. La Diócesis también insiste en que ningún recurso debe recibirse sin una necesidad concreta, de modo que las ayudas tengan una destinación específica y puedan ser verificadas.
Las claves del tema en cuatro preguntas:
¿Cuántas estructuras de la Iglesia resultaron afectadas?
La Diócesis reportó 18 templos afectados, de los cuales ocho tienen daños graves, ocho moderados y cuatro leves. También resultaron muy afectadas nueve casas curales, siete casas religiosas o de vida consagrada y tres instancias diocesanas.
¿Qué ayudas económicas ha recibido la Iglesia?
El primer aporte internacional confirmado es de 100.000 euros enviados por el Vaticano. También se espera recaudar recursos mediante la colecta Donanobis del 30 de agosto, que este año será destinada a los departamentos y municipios afectados por la emergencia.
¿Por qué la Iglesia espera apoyo del Gobierno Nacional?
El obispo sostiene que la Iglesia cumple obligaciones tributarias en Colombia, incluido el pago de impuestos a la DIAN y del predial cuando corresponde. Por esa razón, considera que debería existir una mirada especial del Estado frente a los daños ocasionados por el terremoto.
¿Qué otras formas de financiación están sobre la mesa?
Además de los recursos del Vaticano, la colecta Donanobis y las donaciones particulares, están los seguros de los templos y casas curales y la posibilidad de que empresarios participen mediante obras por impuestos. Esta última alternativa todavía depende de una decisión del Gobierno Nacional.