Desde Pereira, una familia mantiene viva la esperanza de volver a abrazar a uno de sus seres queridos, quien lleva 12 años privado de la libertad en China y está próximo a cumplir 70 años.
Se trata de Carlos Enrique Zapata Osorio, un colombiano cuya situación preocupa cada vez más a sus hermanos, debido a las complicaciones de salud que enfrenta y a la incertidumbre sobre la posibilidad de regresar a su país para terminar de cumplir su condena por el delito de tráfico de estupefacientes.
Su hermana, Lucero Zapata, hizo un llamado urgente al Gobierno Nacional y a las autoridades chinas para que revisen el caso y avancen en las gestiones necesarias para lograr su repatriación. La petición familiar está centrada en que Carlos Enrique pueda continuar cumpliendo su condena en Colombia, teniendo en cuenta su edad, sus enfermedades y el prolongado tiempo que lleva recluido lejos de su tierra.
Lucero reconoce que su hermano cometió un error que tuvo consecuencias graves para su vida y para toda la familia. Sin embargo, considera que su situación actual amerita una respuesta de las autoridades de ambos países.
“Se dejó llevar por la ilusión de poder tener un bienestar para su familia y cometió ese grave error”, recordó su hermana al referirse a las circunstancias que marcaron el rumbo de la vida de Carlos Enrique.
A pesar de las dificultades del idioma, la distancia y demás, la familia ha seguido de cerca la situación jurídica de este pereirano, de hecho, según el relato de Lucero, inicialmente conocieron que había recibido una condena de cadena perpetua, pero posteriormente se realizó una nueva audiencia en la que, según recuerda, la pena habría quedado en aproximadamente 22 años de prisión, una información que conocen a medias, pues las dificultades para mantener una comunicación frecuente hacen más complejo el seguimiento de su situación.
¿Por qué la familia insiste en que sea repatriado?
Uno de los principales motivos de preocupación por parte de los allegados, es el deterioro de la salud de Carlos Enrique. De acuerdo con su hermana, el hombre presenta varias complicaciones médicas, entre ellas hernias, problemas intestinales y dificultades de visión que afectarían su vida cotidiana dentro del centro penitenciario.
Su hermana, Lucero, explicó que una de las hernias, ubicada en la zona inguinal, es especialmente protuberante y le genera fuertes dolores. También mencionó que su hermano sufre de hemorroides y que los problemas visuales persisten pese al uso de gafas.
“Tiene como dos o tres hernias, pero la inguinal es la que lo ha tenido más adolorido”, manifestó la mujer al describir las condiciones de salud que, según la familia, deberían ser consideradas dentro de la solicitud de repatriación.
Para los allegados, la edad del detenido y sus quebrantos de salud son factores que justifican revisar su caso y estudiar las alternativas jurídicas disponibles. No obstante, la familia reconoce que el regreso no depende únicamente de su voluntad, pues requiere actuaciones oficiales y coordinación entre Colombia y China.
Por eso, su petición no se limita a solicitar que el Gobierno colombiano intervenga ante las autoridades asiáticas. También busca que se dé continuidad a las gestiones consulares que se adelantaron años atrás y que se conozca con claridad qué documentos hacen falta, en qué etapa se encuentra este procedimiento en específico y cuáles son los pasos que podrían permitir avanzar.
Un trámite que sigue pendiente
La familia asegura que ha presentado solicitudes de repatriación y derechos de petición ante diferentes entidades colombianas, pero hasta ahora no ha recibido una respuesta definitiva que permita concretar el traslado.
Uno de los antecedentes más importantes se remonta a agosto de 2024. En ese momento, según la información conocida, el Consulado de Colombia en Beijing comunicó que la carta relacionada con la repatriación de Carlos Enrique permanecía en la prisión de Chongzhou, pendiente de revisión y traducción y también habían solicitado a las autoridades chinas la documentación necesaria para continuar con el trámite.
Ese antecedente mantiene la expectativa de sus familiares, pero también evidencia que el procedimiento requiere avanzar en aspectos documentales y diplomáticos. Para la familia, conocer el estado actual de esas gestiones resulta fundamental, especialmente porque han pasado varios años desde que comenzaron a insistir en la posibilidad de traerlo de vuelta.
Lucero asegura que su hermano le ha pedido que continúe buscando ayuda y que insista ante las autoridades consulares. Según su relato, Carlos siente una profunda angustia por la prolongación de su situación y por la distancia que lo separa de sus seres queridos.
“Él nos insiste que, por favor, hablemos con el cónsul, que le digamos que ya tiene muchos requisitos que ha cumplido y que le pidamos que le ayuden”, relató su hermana.
La mujer también explicó que la familia ha recibido respuestas en las que se les indica que el proceso es complejo porque los dos gobiernos no han llegado a un acuerdo. Sin embargo, insiste en que necesitan conocer qué posibilidades existen y qué acciones concretas pueden impulsarse para que el caso no permanezca indefinidamente a la espera.
La distancia golpea a su familia en Pereira
A la preocupación por la salud de Carlos Enrique, se suman las dificultades para mantener el contacto y ayudarle económicamente. De acuerdo con Lucero, las llamadas no son frecuentes y pueden pasar entre mes y medio y dos meses antes de que tengan la oportunidad de conversar, y cada comunicación dura aproximadamente 30 minutos.
Y precisamente esa limitada comunicación dificulta conocer de primera mano cómo evoluciona su estado físico y emocional. También representa una carga para sus familiares, que deben afrontar la incertidumbre sin poder acompañarlo presencialmente ni verificar directamente sus condiciones de vida.
La historia tiene un profundo impacto en Pereira, donde sus hermanos siguen esperando una respuesta que les permita recuperar la cercanía con Carlos Enrique, ya que la muerte de sus padres hizo aún más dolorosa la separación, pues según la familia, ambos mantuvieron hasta sus últimos días la esperanza de volver a verlo.
Ahora son sus hermanos quienes sostienen ese anhelo y buscan que las autoridades escuchen su petición, pero la situación también pone sobre la mesa la importancia del acompañamiento consular a los colombianos detenidos en el exterior y de la orientación a sus familias, especialmente cuando existen dificultades médicas y barreras para la comunicación.
Lucero insiste en que su solicitud no busca desconocer la condena ni evitar que su hermano responda ante la justicia, lo que pide es que pueda hacerlo en su país, si las condiciones legales y los acuerdos entre los dos Estados lo permiten.
“La petición que le hago al Gobierno Nacional es que haya una repatriación para él y para todos los connacionales presos allá, que los traigan a pagar sus condenas acá”, expresó.
Por ahora, la familia continúa a la espera de avances concretos. Su llamado está dirigido al Gobierno colombiano, a las autoridades diplomáticas y a los organismos competentes para que revisen el expediente, informen sobre el estado del procedimiento y evalúen las alternativas disponibles.
Mientras Carlos Enrique se acerca a los 70 años y enfrenta sus problemas de salud lejos de Pereira, sus hermanos mantienen la esperanza de que la gestión diplomática pueda abrir una puerta para su regreso después de 12 años de separación.
Claves sobre este caso a modo de preguntas
¿Cuánto tiempo lleva privado de la libertad este pereirano en China?
Carlos Enrique Zapata Osorio lleva aproximadamente 12 años recluido en China y está próximo a cumplir 70 años.
¿Qué problemas de salud presenta?
Según su hermana, tiene varias hernias, problemas intestinales, hemorroides y dificultades de visión.
¿Qué le pide la familia al Gobierno colombiano?
Que adelante gestiones diplomáticas necesarias con China para evaluar y agilizar su repatriación y pueda cumplir su condena en Colombia.
¿Qué les informó el Consulado de Colombia en China?
Que la carta de repatriación permanecía en la prisión de Chongzhou, pendiente de revisión y traducción, y que se había solicitado la documentación necesaria para continuar el trámite.