El sector comercial de Barranquilla y Soledad registró una parálisis generalizada durante el pasado fin de semana debido a las amenazas emitidas por estructuras delincuenciales contra los propietarios de los establecimientos. La situación provocó desolación en las vías públicas, que los habitantes compararon con las restricciones de movilidad vividas en la pandemia, afectando de manera drástica el dinamismo económico, incluso en los locales de entretenimiento nocturno.
A pesar de los planes de contingencia y del acompañamiento policial anunciados previamente por las autoridades, el temor a posibles represalias violentas forzó el cierre preventivo de la mayoría de los negocios de la zona metropolitana.
Una de las áreas más afectadas fue el mercado público de Barranquillita, donde los vendedores tradicionales sufrieron pérdidas considerables por la ausencia de compradores. Gisela Jiménez, presidenta de la cooperativa de vendedores del Gran Bazar, manifestó que el sábado los adjudicatarios abrieron sus puestos sin recibir clientela, mientras que el domingo la mayoría optó por no laborar ante la persistente tensión.
La líder gremial estimó que la ausencia de usuarios habituales se situó en cerca del 80%, alterando por completo las dinámicas de abastecimiento mayorista que tradicionalmente se desarrollan en las madrugadas en este punto de la ciudad.
Aunque el inicio de la semana laboral muestra ligeros signos de reactivación en la afluencia de personas, el gremio de minoristas señala que la reactivación total del mercado se mantiene condicionada al restablecimiento de la confianza pública.
Los voceros de los comerciantes instaron al gobierno local y a las fuerzas de seguridad a estructurar soluciones de fondo que devuelvan la tranquilidad a los compradores y mitiguen la crisis de ventas que afrontan actualmente los trabajadores independientes de Barranquillita. La comunidad laboral confía en que los flujos comerciales habituales retornen de manera progresiva en los próximos días.