La confirmación de la captura de Nicolás Maduro desató una oleada de reacciones entre ciudadanos venezolanos asentados en la región Caribe colombiana. Mientras algunos celebran lo que consideran el inicio del fin de más de dos décadas de autoritarismo, otros manifiestan profunda preocupación por las consecuencias inmediatas del cierre fronterizo y la incertidumbre que persiste sobre el futuro del país.
En el corregimiento fronterizo de Paraguachón, en La Guajira, la noticia fue recibida con sentimientos encontrados. Johandry Méndez, comerciante informal, aseguró que aunque existe alivio político, la realidad económica es crítica.
“La situación aquí en Paraguachón es preocupante. La frontera está paralizada, no pasa gente ni vehículos, y nosotros vivimos del comercio diario. Esto nos está perjudicando mucho”, afirmó. No obstante, reconoció que hay satisfacción por la caída del mandatario venezolano. “Estamos contentos por la salida de ese régimen, pero ahora la pregunta es qué va a pasar con los que quedaron y cuándo van a abrir la frontera. Si no se reactiva el comercio, nos va a ir peor a todos”.
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Un sentimiento similar se vive en Valledupar, donde cientos de familias venezolanas residen desde hace años. Thais Rojas, migrante venezolana, expresó que la noticia le produjo alivio, pero también una angustia profunda por la separación familiar.
“Esperé 26 años para ver caer ese régimen y claro que estoy contenta, pero al mismo tiempo estoy muy preocupada”, relató. Rojas explicó que ella y su esposo migraron a Colombia, mientras su hijo permanece en Venezuela al cuidado de su abuela. “La frontera está cerrada y no podemos ir por él ni saber con certeza cómo está. Eso nos tiene angustiados, llamando a familiares, tratando de averiguar qué está pasando”.
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La mujer advirtió que, más allá de Caracas, la incertidumbre se extiende a todo el territorio venezolano. “Nadie sabe qué es lo que sigue. Queríamos la libertad de nuestro país, pero ahora el temor es grande por lo que pueda venir y por cómo esto va a afectar a nuestras familias”, agregó.
En municipios fronterizos y ciudades receptoras del Caribe colombiano, las reacciones coinciden en un punto: la caída del régimen despierta esperanza, pero el cierre de la frontera y la falta de claridad sobre los próximos pasos mantienen a miles de venezolanos en vilo, a la espera de que la estabilidad política se traduzca también en soluciones humanitarias y económicas.