Animales

El kraken: el monstruo mitológico de 19 metros que habría espantado los mares

El kraken no sería un mito

Un estudio sugiere que criaturas marinas gigantescas habitaron los océanos durante el Cretácico, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.

Imagen creada con inteligencia artificial Pulpos gigantes del tamaño de una tractomula habitaron los mares del Cretácico y pudieron medir hasta 19 metros de largo.

El mar siempre ha sido un lugar lleno de preguntas. A diferencia de lo que pasa en la tierra, donde los huesos ayudan a contar la historia, en el fondo del océano casi todo desaparece con el tiempo. Por eso, cada hallazgo que hacen los científicos cambia lo que se creía y muestra que ese mundo antiguo pudo ser mucho más intenso, con animales que hoy sonarían a historia de miedo.

Durante años, la idea más común era que los grandes reptiles marinos y los tiburones eran los que mandaban en los océanos cuando aún existían los dinosaurios. Pero nuevas investigaciones muestran que ese cuento está incompleto, porque también había otros depredadores igual de grandes, que casi no habían aparecido en la historia por lo difícil que es encontrar sus restos.

Pulpos gigantes del tamaño de una tractomula

Un estudio publicado en la revista Science revela que en el período Cretácico existieron pulpos gigantes, y uno de ellos, Nanaimoteuthis haggarti, pudo medir entre 7 y 19 metros de largo, algo parecido al tamaño de una tractomula. Con esas medidas, entraría como el invertebrado más grande que se ha descrito hasta ahora, un dato que cambia por completo la imagen de esos mares antiguos.

La comparación no es menor. Un animal así, con tentáculos largos moviéndose en aguas profundas, habría sido casi imposible de ver a tiempo. En un entorno oscuro, ese tamaño y forma lo convierten en una presencia que fácilmente se asocia con esas historias de monstruos marinos que muchos escucharon alguna vez.

El problema: casi no dejaron rastro en la historia

Entender a estos animales ha sido complicado porque los pulpos tienen el cuerpo blando, y eso casi nunca se conserva como fósil. En la mayoría de los casos, lo único que queda son sus picos, que funcionan como una mandíbula dura.

Esos picos aparecen metidos dentro de la roca, y sacarlos sin dañarlos requiere mucho cuidado. Durante años, los científicos solo podían trabajar con métodos limitados, lo que dejaba muchas dudas sobre el tamaño real y la forma de estos animales.

La técnica que permitió descubrir lo que estaba escondido

Un grupo de investigadores de la Universidad de Hokkaido desarrolló una técnica llamada minería digital de fósiles, que cambió la forma de estudiar estos restos. El proceso consiste en quitar capas muy delgadas de roca, tomar miles de fotos en alta calidad y luego unirlas para crear modelos 3D a color con mucho detalle.

Gracias a este método, lograron ver estructuras que antes no se podían analizar bien. De hecho, esta misma técnica ya había servido para encontrar más pistas sobre calamares antiguos y ahora permitió enfocarse en los pulpos.

Los hallazgos en Japón que ampliaron la historia

Los científicos revisaron 15 mandíbulas fósiles que ya se conocían y además encontraron una docena más en sedimentos del Cretácico tardío en el norte de Japón. Uno de los picos medía más de 80 milímetros, incluso superando al de un calamar gigante actual, que puede alcanzar hasta 12 metros de largo.

Todos estos restos pertenecen a dos especies de pulpos extintos: Nanaimoteuthis jeletzkyi y Nanaimoteuthis haggarti. A partir del tamaño de los picos, los investigadores calcularon qué tan grandes pudieron ser estos animales, aunque todavía hay dudas porque no existen ejemplares completos.

Cómo cazaban y qué comían estos pulpos gigantes

Para entender su alimentación, los científicos analizaron las marcas de uso en los picos y las compararon con las de pulpos actuales. Encontraron señales claras de desgaste, lo que indica que estos animales comían presas duras, como moluscos con concha y peces con huesos.

En algunos casos, el desgaste llegaba a cerca del 10% del tamaño del pico, lo que muestra que eran animales que usaban constantemente su mandíbula para romper alimentos difíciles. Esto los ubica como depredadores fuertes y activos, no como animales que se alimentaban de restos pequeños.

Señales de inteligencia en estos animales

Otro detalle que llamó la atención fue que muchos picos estaban más gastados de un lado que del otro. Esto sugiere que estos pulpos podían tener una preferencia al usar ciertos tentáculos, algo parecido a lo que ocurre con los pulpos actuales.

Esa característica está relacionada con la complejidad del cerebro, lo que refuerza la idea de que no solo eran grandes, sino también animales con comportamientos más desarrollados de lo que se podría pensar.

Un océano más intenso de lo que se creía

Estos hallazgos cambian la imagen de los mares del Cretácico. Ya no se trata solo de reptiles gigantes dominando todo, sino de un ecosistema donde también había pulpos enormes ocupando un lugar como depredadores tope, capaces de competir con otros animales grandes.

Pensar en estos pulpos moviéndose en aguas profundas, en silencio y con ese tamaño, da una idea más clara de lo que pudo ser ese mundo. Y si algo parecido existiera hoy en zonas del océano que aún no se han explorado bien, la forma de ver el mar sería muy distinta, mucho más cercana a esas historias que siempre han parecido exageradas, pero que ahora suenan un poco más posibles.