Colombia y Venezuela

Del Huila a Venezuela: joven voluntario rescata vidas tras devastador terremoto

Rescatistas colombianos en Venezuela

Davinson Corredor, estudiante de Ingeniería Civil en Neiva se ofreció como voluntario para ayudar en el país vecino.

Davinson Corredor Davinson Corredor se ofreció para apoyar las labores de rescate en Venezuela.

Mientras muchos huían del desastre, un huilense de 29 años hizo las maletas para correr hacia la tragedia, dejó Neiva y viajó como voluntario para ayudar a las familias afectadas de los dos terremotos en Venezuela, donde a la fecha ya se registran más de 2.000 fallecidos, convencido de que su profesión también puede salvar vidas y reconstruir esperanzas

Davinson Corredor es estudiante de Ingeniería Civil se ofreció como voluntario para viajar al lugar donde miles de personas luchaban por sobrevivir. No conocía a ninguna de las víctimas, no esperaba recibir dinero ni reconocimiento. Solo sintió que, si podía ayudar, tenía la obligación de hacerlo.

¿Qué lo motivó?

“Lo que me motivó a viajar a Venezuela fue que por lo devastador del terremoto se presentaron varias zonas de trabajo por lo que los equipos no eran suficientes. En una alianza entre empresas privadas de Venezuela y Francia se hizo la convocatoria a especialistas específicamente colombianos para conformar un grupo de búsqueda y rescate urbano, se me convocó”, indicó Corredor.

Lo que encontró al llegar fue mucho más duro de lo que imaginaba, las imágenes de televisión no alcanzaban a mostrar el verdadero tamaño del desastre.

¿Cuál fue su impresión al llegar al lugar del desastre?

“Al llegar a la zona afectada el sentimiento fue de impresión al ver tanto edificio colapsado, los equipos de búsqueda y rescate revisando entre los escombros, ver a la gente dormir en las calles, en andenes y parques, eso genera bastante impresión; sin embargo el momento más impactante es escuchar las historias de los afectados, saber que aún tienen familiares atrapados”, agregó.

Casas reducidas a montones de concreto, familias enteras buscando entre los escombros alguna señal de sus seres queridos, niños abrazando lo poco que lograron rescatar y un silencio que solo era interrumpido por las sirenas, las máquinas de rescate y los gritos de quienes aún conservaban la esperanza de encontrar con vida a alguien bajo las ruinas.

“Mi mamá está muy nerviosa porque se siguen presentando replicas, es que ese momento fue horrible, se caían cosas, por eso la gente aún está con temor. Gracias a Dios hemos recibido mucha ayuda de los demás países quienes han enviado rescatistas y donaciones”, indicó María José Ortíz, venezolana.

Las jornadas eran largas, agotadoras y emocionalmente desgastantes. El cansancio aparecía, pero nunca era una excusa para detenerse, porque detrás de cada bloque de concreto existía la posibilidad de encontrar una persona con vida. Y mientras esa esperanza permaneciera, nadie estaba dispuesto a rendirse.

¿Cuál es la historia más impactante?

“Una de las historia que más recuerdo fue cuando encontramos dos cuerpos, uno de una señora mayor y su nieta, la forma en la que estaban se notaba que la señora había abrazado a su nieta con el propósito de protegerla durante el desastre, recibiendo ella la peor parte…ese sentimiento de protección de la señora para su nieta es algo que nos impacto”, agregó Corredor.

Sin embargo, entre tanto dolor, Davinson también descubrió una de las lecciones más grandes de su vida. En medio de la destrucción encontró personas que, aun habiéndolo perdido todo, seguían ayudando a otros. Vecinos compartiendo el poco alimento que les quedaba, familias consolando a desconocidos y rescatistas provenientes de diferentes países trabajando como si todos pertenecieran a una misma familia.

"La mejor enseñanza que las personas que lo perdieron todo nos están dando es el verdadero significado de la palabra resiliencia, porque a pesar de que perdieron a sus familiares, sus cosas, están tratando de seguir a delante de levantarse y luchar por sobrevivir”, compartió Corredor.

Descubrió que un casco de seguridad también puede convertirse en un símbolo de esperanza y que un ingeniero puede aportar mucho más que planos y cálculos cuando una comunidad enfrenta una tragedia.

“Los venezolanos somos unas personas muy fuertes, porque hemos pasado por muchas situaciones y yo sé que vamos a salir de esta en nombre de Dios, que aprendamos a valor más la familia, un te quiero, un te amos, un perdón, porque 39 segundos bastaron para casi que acabar con un país, entonces lo material queda en segundo plano”, indicó María José Ortíz.

Pero para las familias que encontraron una mano amiga entre los escombros, para quienes recibieron una palabra de aliento cuando sentían que todo estaba perdido y para quienes entendieron que la solidaridad no conoce fronteras, los rescatistas ya dejaron una huella imborrable.

Al final, los terremotos derrumbaron edificios, pero también demostraron que, incluso en los momentos más oscuros, siempre habrá personas dispuestas a levantar la esperanza de quienes más lo necesitan.