JEP

Donde antes hubo balas, solo quedó la memoria: la JEP conmemoró en Neiva a las víctimas de '¡A luchar!'

Acto memoria JEP en Neiva

Decenas de hombres y mujeres del movimiento político '¡A luchar!' fueron perseguidos y asesinados durante las décadas de 1980 y 1990.

Paula García, Alerta Acto memoria JEP en Neiva

Treinta y cinco años después del asesinato del líder social José Alberto Peñuela Rojas, el Cementerio Central de Neiva dejó de ser únicamente el escenario donde la violencia apagó una vida para convertirse en un lugar de memoria.

En una ceremonia encabezada por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), familiares de las víctimas, organizaciones sociales, defensores de derechos humanos develaron una placa conmemorativa en homenaje al integrante del movimiento ¡A Luchar! y a decenas de hombres y mujeres que fueron perseguidos y asesinados durante las décadas de 1980 y 1990.

¿Qué más se hizo durante la jornada?

El acto hizo parte de una jornada de reconocimiento a las víctimas que comenzó desde la mañana en la Universidad Surcolombiana con un espacio de diálogo sobre la persecución política que sufrió ese movimiento. Horas después, el homenaje se trasladó al Cementerio Central, precisamente al lugar donde en 1990 fue asesinado por sicarios José Alberto Peñuela Rojas, uno de los líderes más representativos de ¡A Luchar! en el departamento del Huila.

“Fue una noticia terrible, un lunes aproximadamente a las 5:00 de la tarde, la novia de mi hermano me dijo que un atentado había ocurrido en la esquina del cementerio central y la víctima era mi hermano, por supuesto a la familia le supuso un profundo dolor, era nuestro hermano mayor, nuestro referente y confidente. El vacío no se ha podido superar”, indicó Héctor Enrique Peñuela Rojas, hermano de José Alberto Peñuela Rojas.

¿Qué otros hechos ocurrieron?

Durante la ceremonia se escucharon los testimonios de familiares que recordaron cómo el conflicto armado acabó con generaciones enteras. Una de ellas relató que perdió a sus dos hermanos, luego a su esposo y, tiempo a una cuñada.

“Mi hermano Bernardo Cuenca y su compañera fueron asesinado en 1989 eran estudiantes de la Universidad Surcolombiana, posteriormente 1995 fue asesinado mi hermano Álvaro Cuenca con mi compañero sentimental Guillermo Valencia. Son muchos recuerdos, anhelos, esperanzas. Reconocemos que estos espacios de memoria han sido fundamentales”, puntualizó Adelaida Cuenca Wilson.

Otra familia evocó la historia de un sacerdote que recorría los buses con una guitarra interpretando canciones de protesta y promoviendo mensajes de justicia social hasta que desapareció, fue torturado y posteriormente asesinado.

“El estado colombiano impulsó estrategias de persecución y muerte de toda expresión organizada que pusiera en cuestión el orden injusto de las cosas, en este caso el movimiento A Luchar, del cual hacía parte de mi hermano, vivía con los franciscanos y brindó solidaridad con los indígenas Dujos, los cuales estaban siendo perseguidos. A mi hermano lo detuvieron, lo desaparecieron, lo torturaron y mataron”, agregó Omar Fernández Obregón, hermano de Elibardo Fernández Obregón.

¿Quiénes fueron las víctimas?

Los relatos evidenciaron que la persecución no distinguió profesiones ni liderazgos. Campesinos, docentes, estudiantes, líderes indígenas, sindicalistas y defensores de derechos humanos hicieron parte de las víctimas de una época marcada por el miedo y el exterminio de organizaciones sociales y políticas.

Durante el acto, magistrados de la JEP reiteraron que este tipo de acciones hacen parte de los procesos de justicia restaurativa que buscan reconocer públicamente a las víctimas y dignificar su memoria. Explicaron que la reparación también implica recuperar las historias de quienes fueron asesinados para que sus nombres no desaparezcan con el paso del tiempo y las nuevas generaciones comprendan lo ocurrido.

“La memoria es recordar las violencias, dignificar a las víctimas y dentro de eso hemos encontrado como el movimiento político A Luchar tuvo una importante presencia en el ámbito colombiano político en los años 80 y 90, y al igual que la Unión Patriótica fue un movimiento político perseguido, asesinado, masacrado justamente por pensar diferente”, explicó el magistrado Raúl Eduardo Sánchez.

Para las víctimas, el reconocimiento no borra el dolor ni devuelve a quienes perdieron la vida. Sin embargo, representa un paso importante en la construcción de verdad y memoria, al convertir un lugar asociado con la violencia en un símbolo de dignificación y reconocimiento.