A sus 65 años, Luis Alberto Quintero debería estar disfrutando de la tranquilidad de una vida construida con esfuerzo. Durante décadas trabajó como maestro de construcción, arreglando viviendas, cargando materiales y enfrentando largas jornadas bajo el sol para sacar adelante a su familia.
Hoy, sin embargo, su realidad es completamente distinta. Cada día se ha convertido en una lucha contra el dolor, la incertidumbre y la espera de una cirugía que, según sus familiares, podría marcar la diferencia entre seguir luchando o ver cómo el cáncer continúa avanzando por su cuerpo.
Luis Alberto padre de cinco hijos, reside en Neiva y desde el año 2025 enfrenta una dura batalla contra un agresivo condrosarcoma, un tipo de cáncer óseo que comenzó manifestándose con un dolor persistente en uno de sus hombros. Lo que inicialmente parecía una molestia física terminó convirtiéndose en un diagnóstico devastador que cambió por completo la vida de toda su familia.
“Tras varios exámenes médicos y valoraciones especializadas, los médicos determinaron que era necesario realizar una compleja intervención quirúrgica. El procedimiento implicó la extracción total del húmero afectado, es decir, el 100 % del hueso comprometido por la enfermedad”, indicó Fabián Quintero, hijo de Luis Alberto Quintero.
¿La peor parte ya había pasado?
Sin embargo, meses después llegó una noticia aún más difícil. El cáncer reapareció. Esta vez la enfermedad regresó con mayor agresividad, comprometiendo tejidos blandos del brazo y extendiéndose más allá del punto inicial donde había sido detectada. Como si eso no fuera suficiente, los especialistas también encontraron una metástasis en el pulmón izquierdo, una señal de que el cáncer había comenzado a expandirse a otras partes del organismo.
“Los especialistas recomendaron una nueva cirugía de carácter urgente. El procedimiento contempla la amputación completa del brazo comprometido, incluyendo estructuras como la clavícula y la escápula, con el objetivo de frenar el avance de la enfermedad, disminuir el dolor permanente y mejorar las condiciones de vida de mi papá”, agregó el hijo.
Pero esa intervención aún no llega
De acuerdo con el relato de sus seres queridos, Luis completa ya cuatro meses esperando la autorización y la coordinación del procedimiento médico. Mientras tanto, el dolor no da tregua.
“La situación es desesperante, mi papá permanece con dolor prácticamente las 24 horas del día y el deterioro físico y emocional es cada vez más evidente. Durante este tiempo hemos agotado múltiples mecanismos para buscar una solución, presentamos derechos de petición, solicitudes formales, requerimientos ante la Superintendencia Nacional de Salud y diversos trámites administrativos, pero hasta ahora no hemos recibido una respuesta efectiva que permita concretar la intervención quirúrgica”, puntualizó el hijo.
Cada nueva valoración médica representa para ellos una mezcla de esperanza y angustia. Esperanza porque todavía existe una posibilidad de tratamiento. Angustia porque la enfermedad no espera.
“Al ver que no llamaban a mi papá, pasé a la clínica en Ibagué, donde lo habían atendido, y ellos allá me indican que la Nueva EPS no ha dado el aval para la cirugía de mi papá y que, por el contrario, desde la clínica ya han hecho todos los trámites correspondientes, pero que la Nueva EPS no ha respondido. Solo falta la autorización y ya se daría la fecha, pero hasta el momento nada”, indicó Fabián.
Ante la situación, los familiares hicieron un llamado urgente para que se agilicen los procedimientos necesarios y se garantice el acceso oportuno a la atención especializada que requiere Luis.
¿Qué responde la Nueva EPS?
Por su parte, desde la Nueva EPS señalaron a La FM que la intervención no ha podido concretarse debido a dificultades relacionadas con la disponibilidad de camas hospitalarias y/o la aceptación por parte de instituciones que puedan asumir el manejo integral del caso.
La entidad indicó que el proceso se encuentra condicionado por la capacidad de atención de los centros médicos especializados, sin embargo, afirmaron que se encontraban trabajando para poder realizar la autorización de la cirugía lo más pronto posible.
“Mi papá es oriundo del municipio de Tarqui, Huila; sin embargo, hemos vivido aquí en Neiva desde hace varios años. Actualmente, él no puede estar solo porque, por la enfermedad, le da mucho miedo estar solo. Me llama llorando por el dolor que siente; es que no puede casi ni dormir. Mi papá toda la vida trabajó como maestro de construcción”, agregó Fabián.