Cerca de 300 niños de la Escuela Popular Claretiana en al oriente de Neiva, tienen el sueño de devolverle la vida a la quebrada La Cabuya, el afluente que atraviesa toda la comuna 8 de la ciudad y que hoy les preocupa por la contaminación y los problemas de salud que puede generar, para ellos, limpiar el agua es apenas el comienzo de una transformación mucho más grande.
Detrás de esta iniciativa hay una historia que empezó después de la pandemia, durante el regreso a las aulas, los maestros notaron que los niños necesitaban aprender a reconocer y regular sus emociones. Al año siguiente, el trabajo se extendió a los padres de familia, con encuentros y talleres para fortalecer las relaciones en los hogares; después, la escuela decidió mirar hacia afuera y preguntarse qué podía hacer para mejorar el lugar donde crecían sus estudiantes.
¿De dónde nace el proyecto?
“Los habitantes de la comuna 8 no se quieren conflictuar con nadie”, explica Milena Trujillo, maestra de la institución. Según relata, “muchas familias tienen prácticas ambientales importantes dentro de sus casas, pero llevarlas a los espacios compartidos resulta más difícil cuando existe el temor de tener problemas con los vecinos”. Fue entonces cuando los docentes encontraron una oportunidad, convertir el cuidado de la naturaleza en un punto de encuentro para la comunidad.
Así nació el proyecto ‘La Escuela Popular, un territorio de paz para la vida y también con la naturaleza’. Esta vez, en lugar de trabajar en investigaciones separadas, todos los grados se unieron alrededor de un mismo propósito. Cada grupo aporta desde sus actividades pedagógicas para promover el reconocimiento del territorio, el liderazgo ambiental y la participación comunitaria.
El centro de esa apuesta es La Cabuya, una quebrada que atraviesa la comuna y que, de acuerdo con la docente, se ha convertido en foco de preocupación por las enfermedades asociadas a sus condiciones.
Pero los estudiantes no quieren limitarse a recoger residuos
“La apuesta es que aprendan a proteger su entorno, involucren a sus familias y animen a sus vecinos a cuidar los espacios que comparten. La escuela busca que los niños lleven ese mensaje a sus hogares y que el respeto por la naturaleza también ayude a mejorar la convivencia. Porque ponerse de acuerdo para cuidar una quebrada puede ser, al mismo tiempo, una oportunidad para aprender a trabajar juntos”, agregó la docente.
La comunidad educativa espera que su iniciativa encuentre respaldo para avanzar en la recuperación de este afluente. Mientras tanto, los niños ya tienen claro por dónde empezar, mirar de otra manera el lugar donde viven y entender que también les pertenece.
Quizás La Cabuya no vuelva a estar limpia de un día para otro, pero estos estudiantes quieren demostrar que una transformación puede comenzar con una idea sencilla, cuidar la naturaleza también es cuidar la vida y construir paz.