En un departamento donde múltiples territorios siguen enfrentando los efectos de la presencia de grupos armados, la protección de los niños, niñas y adolescentes continúa siendo uno de los desafíos más urgentes. Con ese panorama sobre la mesa, diferentes entidades territoriales e instituciones se reunieron para fortalecer las estrategias que buscan prevenir el reclutamiento, la utilización de menores en actividades ilícitas y las violencias sexuales que afectan a esta población.
Durante el segundo Comité Departamental para la Prevención del Reclutamiento, Uso, Utilización y Violencia Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes, los participantes analizaron los principales riesgos que enfrentan los menores en distintas zonas de Norte de Santander y avanzaron en la construcción de herramientas para responder de manera más efectiva a estas amenazas.
Uno de los temas centrales de la jornada fue la actualización del decreto que regula el funcionamiento del comité, una medida que busca ampliar la articulación entre las instituciones y mejorar la capacidad de reacción frente a situaciones que vulneren los derechos de la infancia y la adolescencia.
Más allá de los ajustes administrativos, la discusión estuvo enfocada en cómo llegar con acciones concretas a los municipios donde los factores de riesgo son mayores. Para ello, se trabaja en la formulación de un Plan de Acción Departamental que permitirá identificar prioridades, focalizar esfuerzos y coordinar intervenciones preventivas en los territorios más vulnerables.
La construcción de este plan cobra especial relevancia en un contexto donde el reclutamiento de menores sigue siendo una preocupación permanente para organismos defensores de derechos humanos. En varias regiones del país, niños y adolescentes continúan expuestos a amenazas, presiones y dinámicas de violencia que limitan su desarrollo y ponen en riesgo su integridad.
Durante la sesión también se revisó el cumplimiento de las recomendaciones emitidas por la Defensoría del Pueblo a través de las Alertas Tempranas, documentos que advierten sobre posibles escenarios de riesgo y orientan la adopción de medidas preventivas.
Los asistentes coincidieron en que la protección de la niñez exige una respuesta coordinada y sostenida, especialmente en aquellas comunidades donde las condiciones sociales, económicas y de seguridad pueden aumentar la vulnerabilidad de los menores. El reto, señalaron, no solo consiste en reaccionar ante los hechos, sino en anticiparse a ellos para garantizar que niños, niñas y adolescentes crezcan en entornos seguros, alejados de la violencia y con mayores oportunidades para construir su proyecto de vida.