Campo Colombiano

Campesinos del Quindío rescatan semillas y recetas que ya casi desaparecían

El proyecto apoyado por el Ministerio de las Ciencias fue seleccionado entre 100 postulaciones de todo el país

Las 12 huertas son impulsadas por la Universidad San Buenaventura de Armenia y están fortaleciendo la economía campesina en el Quindío.

Prensa Universidad San Buenaventura Armenia El proyecto apoyado por el Ministerio de las Ciencias fue seleccionado entre 100 postulaciones de todo el país

Durante décadas, muchas cocinas campesinas del Quindío dejaron de preparar alimentos que antes hacían parte de la vida diaria en las veredas.

El chachafruto desapareció lentamente de las ollas, la cidra dejó de sembrarse en numerosos patios rurales y plantas como el bore, la pringamosa, el amaranto o el sacha inchi fueron quedando relegadas a recuerdos familiares, recetas de abuelos y saberes que parecían condenados a desaparecer con el paso del tiempo.

Hoy, ese conocimiento intenta abrirse camino nuevamente entre las montañas del departamento. En veredas de Salento, Génova y Pijao, campesinos empezaron a recuperar semillas, cultivos y preparaciones tradicionales a través de un proyecto liderado por la Universidad San Buenaventura, que busca rescatar parte de la memoria alimentaria del Quindío mientras fortalece la economía de comunidades rurales.

Doce huertas comunitarias ya funcionan en sectores como Navarco, Canaán, Palestina, Puente Tabla, El Dorado, La Topacia, Arenales y Cumaral. Allí, familias campesinas volvieron a sembrar especies que durante años habían desaparecido de la alimentación cotidiana y que hoy reaparecen no solo como cultivo, sino también como símbolo cultural.

Las plantas que estaban desapareciendo del campo quindiano

Carlos Castaño, docente de la Universidad San Buenaventura y líder de la iniciativa, explicó que el proyecto beneficia actualmente a cerca de 220 personas en distintas zonas rurales del departamento. Sin embargo, asegura que el propósito va mucho más allá de sembrar alimentos.

“Lo que buscamos es rescatar conocimientos que históricamente se transmitieron entre generaciones campesinas y que estaban empezando a desaparecer”, señaló el investigador.

Según explicó, muchas de estas plantas dejaron de cultivarse debido al cambio en los hábitos de consumo y al abandono progresivo de prácticas agrícolas tradicionales. Con ello, también comenzaron a perderse recetas, preparaciones y formas de alimentación ligadas históricamente a la identidad rural del Quindío.

“No estamos hablando únicamente de semillas, sino de memoria campesina, cultura y conocimientos que sobreviven todavía en muchos adultos mayores rurales”, agregó Castaño.

Las huertas permitieron que comunidades campesinas retomaran prácticas tradicionales de cultivo mientras intercambian conocimientos sobre preparación de alimentos, usos medicinales y formas de conservación de estas especies ancestrales.

Cuando las recetas ancestrales también generan ingresos

El proyecto no solo busca recuperar plantas tradicionales, sino convertirlas nuevamente en oportunidades económicas para las familias rurales. Varias comunidades empezaron a transformar estos cultivos en productos que hoy ya circulan en mercados campesinos de municipios como Salento y Génova.

Arequipes de chachafruto, avenas de cidra, harinas, arepas y otras preparaciones ancestrales volvieron a aparecer en ferias y espacios de comercialización local, permitiendo que familias campesinas encuentren nuevas alternativas de sustento mientras mantienen vivas recetas que parecían destinadas al olvido.

La propuesta fue seleccionada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación entre cerca de 100 iniciativas presentadas en el país, un reconocimiento que fortaleció el trabajo conjunto con entidades como el Jardín Botánico del Quindío, Agrocolombia, el Sena y la Federación Comunal del Quindío, y cuenta con un presupuesto de $1.788.774.508.

Para los investigadores y las comunidades participantes, el rescate de estas plantas también representa una forma de defender la identidad campesina del departamento en medio de cambios acelerados en la alimentación y en las dinámicas rurales. Mientras muchas recetas desaparecen silenciosamente de las cocinas del campo colombiano, en varias veredas del Quindío todavía hay familias empeñadas en que esos sabores no terminen convertidos únicamente en recuerdos.

¿Por qué estaban desapareciendo estas plantas ancestrales?

Investigadores y comunidades señalan que muchas dejaron de sembrarse debido a cambios en la alimentación, pérdida de prácticas agrícolas tradicionales y reemplazo por productos comerciales. En numerosos casos, las recetas y conocimientos sobrevivían únicamente en la memoria de adultos mayores campesinos.

¿Qué impacto tiene el proyecto en las comunidades rurales?

Además de fortalecer la alimentación campesina y recuperar conocimientos ancestrales, las huertas permitieron generar nuevos productos para mercados rurales, creando ingresos adicionales para familias de municipios como Salento, Génova y Pijao mientras conservan parte de la identidad cultural del Quindío.