folclor

Un garaje, 18 niños y el folclor que transforma sus vidas desde un asentamiento de Neiva

Agrupación folclórica en el Huila

El proyecto se ha transformado en una estrategia real para prevenir que niños y adolescentes caigan en problemáticas que afectan al Huila.

'Los Güipas del Cóndor' Agrupación folclórica en el Huila

En el asentamiento Granjas Comunitarias, norte de Neiva, un garaje se convirtió en algo más que un espacio improvisado, hoy es un refugio de sueños, disciplina y cultura para 18 niños entre los 7 y 15 años que integran la agrupación folclórica ‘Los Güipas del Cóndor’.

Lo que comenzó hace 7 años con apenas 4 menores, hoy es un proyecto que no solo enseña música huilense, sino que se ha transformado en una estrategia real para prevenir que niños y adolescentes caigan en problemáticas como la drogadicción, la violencia o el ocio mal encaminado en un sector con múltiples dificultades sociales.

Bajo la guía de Gerardo ‘el cóndor’ Dussán, fundador y profesor, estos niños han encontrado en la guitarra, el tiple y la percusión una forma de expresión, pero también una herramienta de vida. “Aquí no hay matrículas ni pagos, el único requisito es el compromiso de las familias y las ganas de aprender”, indicó Dussán.

En su mejor momento, la agrupación llegó a tener hasta 35 integrantes, una cifra que evidencia el impacto que ha tenido en la comunidad y la necesidad de este tipo de iniciativas en territorios vulnerables. Cada ensayo no solo es una clase de música, es un espacio de formación en valores, disciplina y trabajo en equipo.

“Los niños ensayan con instrumentos que muchas veces han sido donados o gestionados con esfuerzo, hemos participado en eventos importantes como un encuentro departamental en Palermo, donde logramos ocupar el tercer lugar, además, realizamos al menos 2 presentaciones al año en el hogar geriátrico San Matías en Neiva”, agregó.

Pero más allá de los escenarios, el verdadero logro está en lo que no se ve, niños que en lugar de estar en la calle, están aprendiendo; adolescentes que cambian el ruido de entornos difíciles por el sonido del folclor huilense.

“Ellos estudian, la mayoría de ellos están estudiando en el colegio Colegio Claretiano Gustavo Torres Parra, que queda cerca del sector, y hay unos que estudian en el INEM, entonces todos son del sector. Ha sido un poco difícil, pero no imposible”, indicó Dussán.

Muchos de estos jóvenes y niños coinciden en que este espacio les ha permitido soñar, tener metas y sentirse parte de algo importante. Sus voces reflejan gratitud, pero también una conciencia clara de que este proyecto les está dando una oportunidad distinta.

“Llevo aproximadamente seis años en esta agrupación sé tocar el tiple, la guitarra, la marrana el chuco, desde pequeñito me ha gustado mucho la música, mi papá canta entonces enseño el amor por la música”, compartió un poco nervioso Dylan Alejandro Delgado Trujillo, de doce años.

En un contexto donde las oportunidades suelen ser limitadas, iniciativas como ‘Los Guipas del Cóndor’ demuestran que el arte sigue siendo una herramienta poderosa de transformación social.

“A mí me gusta mucho la música, los instrumentos, desde que supe que harían una agrupación me animé a participar. Yo sé tocar el tiple, la guitarra, el tambor y los demás instrumentos de percusión. No es difícil la música, es tener dedicación, yo estudio por ejemplo en las mañanas de 6 a 12, y practico mínimo una hora al día”, indicó Laura Sofía Díaz Suaza de 15 años.

Lo que empezó en un garaje hoy es una escuela de vida que, con pocos recursos pero con mucha pasión, ha logrado mantenerse durante 7 años impactando generaciones.

Este proyecto es también un llamado de atención sobre la importancia de apoyar estos procesos comunitarios. Detrás de cada instrumento hay una historia, detrás de cada niño hay un riesgo que se está evitando, y aunque el camino no ha sido fácil, cada acorde que suena en ese garaje confirma que sí es posible construir futuro desde lo más sencillo, con música, compromiso y comunidad.

“El mensaje que le doy a todos los jóvenes es que se animen a practicar música, a aprender de ella, que escuchen la música de nuestra región como el bambuco o el rajaleña, ya que además así se alejan del celular”, agregó Laura Díaz.