Lo que comenzó como una expresión cultural impulsada por una familia neivana hace ocho décadas hoy se mantiene como uno de los símbolos más representativos del folclor huilense. Los tradicionales Taitapuros celebran 80 años de historia y legado cultural en las fiestas sampedrinas.
Cada vez que aparecen en un desfile, los niños los miran con asombro, los adultos sacan sus celulares para fotografiarlos y los abuelos sonríen porque saben que están viendo una de las tradiciones más antiguas del San Pedro. Altos, imponentes y rodeados de misterio, los Taitapuros no son simplemente unos personajes del folclor huilense, son una historia viva que ha logrado vencer el paso del tiempo.
¿Cuántos años cumplen?
Este año, mientras el Festival del Bambuco llena de música y color las calles de Neiva, los Taitapuros celebran nada menos que 80 años de existencia, una herencia cultural que ha pasado de abuelos a hijos y de hijos a nietos, convirtiéndose en uno de los símbolos más representativos de la identidad opita.
Todo comenzó cuando los abuelos de esta familia neivana decidieron dar vida a unos personajes inspirados en las leyendas y creencias ancestrales de la región. Lo que nació como una iniciativa cultural terminó convirtiéndose en una tradición que hoy sigue emocionando a miles de personas.
¿Quién los creo?
“Eso es una tradición que nos dejó nuestra abuela antes de fallecer, nos caracteriza a nosotros, lo que pasa es que nosotros llevamos un legado, un legado de 80 años de folclor acá en Neiva, 80 años cuando recién se iniciaron las fiestas, mi abuela fue una de las que estaba, era una de las primeras que creó los Taitapuros, aquí en Neiva sólo son ellos”, indicó Leidy Tatiana Valdez, hija de María Eva Quintero, directora de mitos y leyendas de Neiva.
Según cuentan sus actuales guardianes, los Taitapuros representan antiguos dioses indígenas vinculados a las montañas y a la naturaleza, figuras que eran veneradas por las comunidades ancestrales y que con el paso de los años se transformaron en parte fundamental de los mitos y leyendas del Huila.
Junto a ellos también desfilan otros personajes emblemáticos como la Mamá Pura, el Papá Puro, el Mohán y el Poira, figuras que forman parte de un universo mágico que durante décadas ha acompañado las festividades sampedrinas. Las figuras se elaboran de forma artesanal usando estructura de varilla y carrizo (madera flexible), forrada con papel periódico y cartón, con prendas simulando vestimentas.
¿Son una misma familia?
Detrás de estos personajes hay una historia familiar marcada por el amor al folclor. Actualmente la agrupación está integrada por 16 miembros de una misma familia, quienes representan la tercera generación encargada de mantener vivo el legado que inició hace ocho décadas.
La responsabilidad hoy recae sobre María Eva Quintero y sus descendientes, quienes continúan llevando a los desfiles los enormes personajes que alguna vez crearon sus abuelos, para ellos, la tradición es mucho más que una actividad cultural. Es un compromiso familiar.
“La descendencia de nosotros todos como somos familia, entonces pues todos llevan esa tradición y nos da alegría ver la gente como se entusiasma al ver los muñecos, los mitos. Eso es mucha alegría”, puntualizó Valdez.
Durante estos 80 años han visto pasar generaciones enteras de huilenses, han participado en incontables festivales, desfiles y eventos culturales, convirtiéndose en una imagen inseparable de las fiestas de San Juan y San Pedro.
¿Les otorgaron algún reconocimiento?
Por eso, uno de los momentos más emotivos de esta celebración fue el reconocimiento otorgado por la Gobernación del Huila y la Asamblea Departamental, entidades que exaltaron el aporte de la familia a la preservación del patrimonio cultural del departamento.
La distinción fue recibida con orgullo y emoción, para quienes han dedicado su vida a mantener viva esta tradición, el homenaje representa el reconocimiento a décadas de esfuerzo, trabajo y amor por las raíces huilenses.
Sin embargo, la celebración también estuvo acompañada por un sentimiento de nostalgia. Los integrantes de la agrupación manifestaron su tristeza porque, según aseguran, este año quedaron por fuera de algunas actividades organizadas dentro de la programación oficial del festival.
Aun así, lejos de rendirse, reafirmaron su compromiso de seguir adelante, porque si algo ha caracterizado a los Taitapuros es precisamente su capacidad para resistir el paso del tiempo. Han sobrevivido a los cambios de generación, a las transformaciones culturales y a las nuevas tendencias.
De esta manera en Neiva hay tradiciones que no envejecen, y entre todas ellas, pocas son tan gigantes como estos personajes que, 80 años después siguen caminando y bailando orgullosos por el corazón del Huila.