Junior de Barranquilla

Junior necesita cirugía mayor: Viera no fue la solución y el equipo pide una reestructuración total

Sebastián Viera, técnico de Junior de Barranquilla

La eliminación anticipada de los cuadrangulares de la Liga II-2026 dejó al descubierto las falencias de una nómina que pasó del bicampeonato al fracaso.

Redes Sociales Junior de Barranquilla Junior recibe a Jaguares el sábado 8:20 en el Romelio Martínez; con el regreso de Mario Sebastián Viera y la urgencia de ganar en la Liga.

Junior de Barranquilla tocó fondo en el segundo semestre de 2026. La eliminación de los cuadrangulares semifinales con tres jornadas de anticipación desató la indignación de una hinchada que no encuentra explicaciones para el desplome de un equipo que hace poco celebraba un bicampeonato y que ahora necesita mucho más que un cambio de entrenador para recuperar el rumbo.

El fracaso dejó en evidencia que los problemas del conjunto rojiblanco van más allá de la dirección técnica. La conformación de la nómina, el rendimiento de varios jugadores, las tensiones internas y la falta de respuestas desde la dirigencia conforman un panorama que obliga a pensar en una reestructuración profunda de cara a 2027.

Viera no fue el revulsivo que esperaba Junior

El primero en pagar las consecuencias de la mala campaña fue el uruguayo Alfredo Arias, despedido después del empate 1-1 en casa frente a Independiente Santa Fe. El técnico que había llevado a Junior al bicampeonato se marchó sin conseguir una victoria en sus últimos partidos y con la eliminación ante Barranquilla FC en la Copa Colombia como otro capítulo negativo de su despedida.

Su reemplazo fue Sebastián Viera, uno de los máximos ídolos de la institución, cuya llegada despertó ilusión entre los aficionados. Sin embargo, el exarquero no consiguió transformar al equipo ni generar la reacción que necesitaba en un momento crítico.

En sus primeros 11 partidos al frente del conjunto tiburón, Viera registró tres triunfos, cinco empates y tres derrotas. Un balance insuficiente para las aspiraciones de una institución acostumbrada a competir por los títulos y que terminó fuera de la pelea por las finales.

A Viera hay que reconocerle que aceptó el desafío en circunstancias difíciles. No obstante, esa decisión no lo exime de la responsabilidad deportiva por los resultados. Además, varios de los rivales que enfrentó estaban fuera del grupo de los ocho, entre ellos Jaguares, Alianza Valledupar, Fortaleza, Inter Bogotá, Pereira y Boyacá Chicó.

Por eso, su continuidad para 2027 no está asegurada. Su contrato termina en diciembre y la dirigencia tendrá que evaluar si debe mantener un proyecto que, hasta ahora, no ha dado los resultados esperados.

La nómina también necesita un sacudón

El problema de Junior no se resolverá únicamente con la elección de un nuevo entrenador. La eliminación dejó expuestas las limitaciones de una plantilla en la que varios futbolistas no estuvieron a la altura de las expectativas.

Entre los jugadores que terminan contrato en diciembre aparecen Jefersson Martínez, Teófilo Gutiérrez, Yimmi Chará, Harold Rivera y Edwin Herrera. También está por definirse el futuro de Juan David Ríos, quien ha perdido protagonismo desde la llegada de Viera.

Otros futbolistas tienen vínculo vigente, pero su continuidad podría ser revisada. Es el caso de Guillermo Celis y Pablo Ortiz, cuyos contratos terminan en junio de 2027, y de Jean Pestaña, quien tiene vínculo hasta diciembre de ese año, pero cuyo rendimiento ha generado cuestionamientos.

El argentino Francisco Fydriszewski, de 33 años, representa otro caso que merece una evaluación. Junior le firmó un contrato por tres temporadas y su aporte hasta ahora no ha respondido a las expectativas que despertó su contratación.

Kevin Pérez, Jannenson Sarmiento y Cristian Barrios también deberán demostrar argumentos para continuar en un equipo que necesita recuperar competitividad y elevar su nivel colectivo.

Muriel y Paiva, bajo la lupa de la hinchada

Luis Fernando Muriel, máximo goleador de Junior durante el año con 21 tantos, tampoco escapa a las críticas. Los tres penaltis fallados en la Liga y las dificultades para alcanzar su mejor condición física han desgastado su relación con una parte de la afición.

El delantero tiene contrato hasta diciembre de 2027, por lo que su situación no depende únicamente de una decisión contractual inmediata. Sin embargo, su rendimiento será uno de los aspectos que la institución deberá evaluar para determinar cómo aprovechar mejor su talento.

Por otra parte, Guillermo Paiva y Jesús Rivas atraviesan un momento delicado después de que sus vehículos fueran vandalizados al salir de la sede deportiva Adela de Char. Ambos habrían manifestado su preocupación y solicitado no ser convocados para el encuentro contra Deportivo Cali.

Este episodio agregó tensión a un ambiente que ya venía deteriorándose. Los hechos deben ser investigados y rechazados, independientemente de las críticas deportivas que puedan recibir los jugadores.

Un vestuario que también genera interrogantes

La crisis de resultados ha estado acompañada por señales de tensión interna. Las declaraciones públicas de algunos futbolistas, los mensajes indirectos y las diferencias que parecen haber surgido entre integrantes del plantel alimentan las dudas sobre el ambiente dentro del equipo.

Uno de los episodios más comentados fue el cruce de declaraciones entre Teófilo Gutiérrez y Viera. Las palabras del experimentado delantero fueron interpretadas como una indirecta al entrenador, quien posteriormente no lo convocó para los compromisos ante Águilas Doradas y Boyacá Chicó.

La inconformidad también llegó a las tribunas. Durante el partido frente a Águilas Doradas, el Frente Rojiblanco Sur exhibió un trapo con los rostros tachados de varios jugadores, entre ellos Fydriszewski, Paiva, Ortiz, Rivas, Sarmiento, Kevin Pérez, Jefersson Martínez y Edwin Herrera.

El mensaje evidenció el desgaste de la relación entre un sector de la hinchada y parte de la plantilla. La presión ahora se concentra en la necesidad de ofrecer explicaciones y tomar decisiones que permitan recuperar la confianza.

El silencio dirigencial aumenta la incertidumbre

Mientras el equipo atraviesa uno de sus momentos más complicados de los últimos años, la falta de pronunciamientos amplios por parte de la dirigencia ha alimentado el inconformismo.

Fuad Char manifestó que no entendía lo ocurrido con el equipo porque, a su juicio, había buenos jugadores. También expresó el respaldo de la institución a Paiva y Rivas después de los hechos de vandalismo.

Sin embargo, la responsabilidad de definir el rumbo deportivo sigue recayendo sobre los directivos, que deberán decidir quién estará al frente del equipo y cuáles jugadores continuarán en el proyecto.

La salida de Arias y la contratación de Viera fueron decisiones que generaron debate entre los seguidores. Ahora, con la eliminación consumada, la dirigencia necesita explicar qué falló y qué cambios implementará para evitar que una nueva temporada termine de la misma manera.

De bicampeón a equipo sin rumbo: ¿qué viene para 2027?

El bicampeonato conseguido con Arias había disimulado algunas debilidades en la conformación de la plantilla y en el funcionamiento colectivo. En este semestre, esas falencias quedaron expuestas y el equipo no encontró respuestas para sostener su competitividad.

La prioridad será elegir un entrenador con experiencia y capacidad para manejar la presión de dirigir a Junior, pero también construir una nómina equilibrada, revisar los contratos, definir salidas y reforzar las posiciones que lo necesiten.

Entre los nombres que podrían entrar en las conversaciones para el próximo año se menciona la posibilidad de recuperar a un técnico que ya haya pasado por la institución, incluido el propio Alfredo Arias. Por ahora, cualquier decisión dependerá de la dirigencia y de las negociaciones que se adelanten.

Junior no puede vivir únicamente de los recuerdos de su bicampeonato. La eliminación anticipada debe servir como punto de partida para revisar las decisiones deportivas, recuperar la disciplina colectiva y devolverle al equipo una identidad competitiva.

El próximo año exigirá algo más que nombres de peso o promesas de revancha: necesitará planificación, liderazgo y una plantilla comprometida. El reto de la dirigencia será demostrar que entendió las señales de esta temporada y que está dispuesta a corregir los errores que llevaron al tiburón a quedarse sin finales.