La incertidumbre y la angustia siguen creciendo alrededor de la desaparición de Luis Hernando Íñiguez, un reconocido empresario minero, quien fue visto por última vez el pasado 27 de julio, cuando salió a reunirse con varias personas interesadas, supuestamente, en comprar su título minero. Han pasado más de ocho días sin que su familia tenga noticias sobre su paradero, mientras las autoridades avanzan en las investigaciones para esclarecer lo ocurrido.
Según el relato entregado por su hijo, el hombre llevaba aproximadamente 27 años explotando un título minero que se encontraba completamente vigente y al día. Su actividad principal estaba enfocada en la extracción de materiales de construcción y, de acuerdo con su familia, el trabajo relacionado con oro era mínimo.
¿Qué pasó?
Todo comenzó a cambiar a principios de este año, cuando empezó a recibir llamadas de un hombre que manifestó estar interesado en adquirir el título minero. Aunque el propietario ya había sostenido conversaciones con otros posibles compradores, esta propuesta tomó fuerza durante los últimos meses.
El hijo recordó que el 16 de julio conocieron personalmente a tres hombres durante una reunión realizada en una cafetería de un reconocido centro comercial al oriente de Neiva. Allí, los visitantes aseguraron provenir del departamento del Tolima, del Ataco y afirmaron dedicarse a la minería de oro.
"Ellos nos dijeron que venían de Ataco, que allá les había ido muy bien con la minería, pero que por los operativos del Ejército preferían buscar otro lugar donde trabajar para evitar que les destruyeran la maquinaria", relató Brayan Steven Iñiguez Benitez, hijo de Luis Hernando Íñiguez.
¿Habían dudas?
Sin embargo, durante ese mismo encuentro ocurrieron situaciones que hoy generan sospechas. Según el familiar, los hombres les pidieron ayuda para transportar un vehículo que, supuestamente, se había quedado sin gasolina o presentaba fallas mecánicas, explicaciones que no le parecieron convincentes.
"Hoy creemos que ese día pudo haber sido un intento de secuestro. No sabemos por qué no ocurrió, pero todo fue muy extraño. Gracias a Dios no pasó nada en ese momento", aseguró.
Pese a esas dudas, el contacto continuó. Días después, los supuestos compradores volvieron a comunicarse para coordinar una nueva reunión, esta vez aseguraron que querían realizar un "cateo", procedimiento utilizado para extraer pequeñas muestras del terreno y verificar la posible existencia de oro antes de concretar cualquier negociación.
El día de la desaparición
La cita quedó programada para el 27 de julio. Esa mañana, el minero llamó a su hijo para avisarle que se encontraría con estas personas. "Él me llamó hacia las seis y media de la mañana y me dijo que si ya estaba listo porque tenían la reunión para hacer los cateos. Yo le respondí que no se desgastara, que esa gente no tenía pinta de comprar el título", recordó.
Pese a la advertencia, el hombre decidió asistir al encuentro. Gracias a la ubicación compartida que ambos tenían en sus teléfonos, su hijo pudo seguir el recorrido en tiempo real. Minutos después comenzaron las llamadas sin respuesta.
No volvió a contestar
Primero el celular sonaba, luego las llamadas eran rechazadas y finalmente el dispositivo dejó de responder. Al revisar nuevamente la ubicación, observó que el recorrido continuaba hacia el norte de la ciudad, en dirección al peaje.
"Ahí fue cuando me asusté. Él nunca me colgaba las llamadas. Empezamos a buscarlo, llamamos desde diferentes números, pero nadie contestó. Desde ese momento no sabemos absolutamente nada de él", afirmó.
Han transcurrido más de ocho días desde la desaparición y, según la familia, hasta ahora no han recibido llamadas extorsivas ni información sobre su estado de salud o ubicación. Mientras tanto, sus seres queridos esperan que las investigaciones permitan establecer qué ocurrió realmente con el minero y dar con su paradero lo antes posible.