Misterio

Entre el susto y la fe: el enigma que ronda las momias de San Bernardo

Momias en San Bernardo, Cundinamarca

En este municipio de Cundinamarca la muerte no da miedo. Se honra, se visita, se conversa con ella.

Composición imágenes de la Gobernación de Cundinamarca La comunidad entendió entonces que no se trataba de un caso aislado, sino de un fenómeno natural propio del lugar.

La muerte en Colombia tiene muchos rostros. En pueblos y ciudades, la despedida de un ser querido está marcada por rituales, flores, oraciones y silencios. Pero en un rincón de las montañas de Cundinamarca, a 90 kilómetros de Bogotá, la muerte parece tener otro ritmo.

En San Bernardo, los difuntos se quedan más tiempo del que dicta la naturaleza. Sus cuerpos, en lugar de descomponerse, se transforman en momias. Sin vendajes, sin químicos. Así, tal cual como vivieron. Este fenómeno, al que muchos llaman un misterio, es parte del alma del pueblo. Y no es leyenda urbana. Son más de 350 cuerpos que, sin explicación científica clara, han sido hallados casi intactos, con piel, cabello y ropa, desafiando lo que se sabe sobre el paso del tiempo.

Aparecen cuerpos momificados sin ayuda humana

Todo comenzó en los años sesenta, cuando los sepultureros del viejo cementerio —ubicado junto a un río— empezaron a trasladar los cuerpos al nuevo camposanto. Lo que encontraron los dejó sin palabras: cuerpos secos, conservados, con una apariencia tan real que parecía que apenas dormían. Desde entonces, cada año aparecen entre 20 y 30 casos nuevos.

Las primeras momias desconcertaron a los habitantes. Luego, con el tiempo, se aceptaron como parte de la historia del lugar. El fenómeno, aunque increíble, ocurre de forma natural. Los expertos apuntan al clima templado, a la baja humedad, a los minerales del suelo e incluso a los alimentos tradicionales como la guatila y el balú. Aun así, ninguna de esas razones ha sido comprobada científicamente. El misterio sigue vivo.

El mausoleo José Arquímedes: un espacio sagrado

Para honrar esta rareza, San Bernardo construyó el Mausoleo Municipal José Arquímedes Castro, donde actualmente descansan varias momias. Algunas con nombre y apellido. Otras, anónimas. Pero todas con algo en común: siguen aquí, más presentes que ausentes.

Es un lugar iluminado, sereno y profundo. No hay morbo ni espectáculo. Hay memoria, respeto y un tipo de fe que no se ve en todas partes.

Las familias sanbernandinas no los ven como muertos

En San Bernardo la muerte no da miedo. Se honra, se visita, se conversa con ella. En fechas como el Día de los Difuntos, el mausoleo se llena de flores, velas y rezos. Los habitantes creen que la conservación de los cuerpos es un regalo divino, una señal de que esas almas siguen presentes, cuidando a sus seres queridos desde otra dimensión.

Aunque el mausoleo atrae a miles de turistas al año, las momias no son vistas como atracción, sino como parte esencial del legado espiritual del municipio. Cada cuerpo cuenta una historia, y muchas de ellas siguen sin descubrirse.

Ni la ciencia ni el tiempo han logrado resolver este misterio

En un mundo donde todo parece tener explicación, San Bernardo sigue siendo una excepción. A pesar de los intentos por entender por qué ocurre esta momificación natural, las respuestas siguen en el aire. Algunas teorías apuntan al entorno, otras a la alimentación, y otras más a la fe del pueblo.

Por ahora, lo único cierto es que en San Bernardo, los muertos no se van del todo. Permanecen, en silencio, como si cuidaran el alma de un pueblo que aprendió a convivir con el más allá.