Misterio

¿Tiene un sexto sentido? Así sabe el cuerpo cuando lo están mirando

¿Por qué se siente cuando alguien lo está mirando?

Voltear justo cuando alguien lo ve no siempre es coincidencia y la ciencia tiene varias pistas para saber por qué sucede este fenómeno.

Imagen creada con inteligencia artificial Esa energía rara cuando lo observan tiene explicación y empieza con una red de neuronas.

En la calle, en clase o incluso dentro de la casa, hay momentos en los que una presencia se siente sin necesidad de verla. Es un escalofrío, una tensión en el cuello, un impulso inexplicable que lleva a girar la cabeza. Y ahí está: alguien con la mirada fija. Lo curioso es que esto no es solo una percepción aislada: es un fenómeno que se repite en distintas personas, lugares y culturas. Y tiene nombre. Se llama escopaestesia.

Dos investigadores de la Universidad de Jaén, Francisco José Esteban Ruiz y Sergio Iglesias Parro, publicaron una explicación en The Conversation que muestra cómo el cuerpo y el cerebro reaccionan incluso cuando no se está consciente. Aunque muchos lo relacionan con lo paranormal, hay razones muy concretas que podrían explicar este fenómeno tan inquietante.

El cerebro tiene su propio sistema de alarma

Lo primero que hay que entender es que el cerebro nunca se apaga del todo. Incluso cuando no hay peligro aparente, hay una parte que siempre está pendiente de los cambios en el entorno. A eso se le llama atención exógena, y es como un radar natural que capta movimientos, ruidos, luces… o miradas.

Este sistema ha estado con el ser humano desde siempre. En tiempos antiguos, notar una mirada podía ser cuestión de vida o muerte. Hoy, aunque no haya depredadores, el cuerpo sigue sintiendo cuando algo no encaja, y avisa.

Se capta más de lo que se ve

No hace falta mirar de frente para detectar que alguien está observando. Los ojos también ven por los costados: eso es la visión periférica. Aunque no se preste atención, el cerebro registra esos movimientos que pasan “de reojo”.

Según la Clínica Oftalmológica CIMO, la visión periférica es lo que se percibe fuera del punto central de enfoque. Aunque tiene menos resolución, permite detectar movimientos y detalles alrededor, haciendo que el cerebro se anticipe a lo que ocurre. Es fundamental en actividades como conducir, hacer deporte, leer o cualquier tarea que exija visión global.

Si alguien gira la cabeza o mueve los ojos hacia otra persona, ese pequeño cambio puede ser suficiente para que el cuerpo reaccione. Se siente raro, incómodo, y muchas veces lleva a voltear justo a tiempo. No es magia. Es pura biología.

Las neuronas que entienden sin palabras

Hay algo curioso en el cerebro: las neuronas espejo. Estas células permiten entender lo que otra persona siente o piensa con solo verla. Funcionan como un espejo interno que capta gestos, expresiones y hasta intenciones, aunque nadie diga nada.

Por eso, cuando alguien mira fijamente, el cuerpo lo nota. No hace falta contacto visual ni palabras. Las neuronas espejo reciben la señal y el cerebro reacciona. Es como si una parte invisible estuviera leyendo lo que pasa alrededor.

Según la ley de Hebb, explicada por el portal Psicología y Mente, cuando estas neuronas se activan juntas una y otra vez, sus conexiones se vuelven más fuertes. Eso explica por qué, con el tiempo, el cerebro se entrena para detectar esas miradas sin que nadie le avise. Es el cuerpo respondiendo a lo que siente, incluso antes de entenderlo.

La delgada línea entre alerta y ansiedad

Hay ocasiones en que la sensación aparece aunque no haya nadie cerca. No hay miradas, ni personas, ni ruido. Pero algo se siente. Un escalofrío, una incomodidad. Y ahí es cuando muchas personas piensan en cosas que no se pueden explicar tan fácil.

Los expertos de la Universidad de Jaén no afirman que haya algo sobrenatural. Pero sí reconocen que todavía hay cosas que la ciencia no logra entender del todo. La mente, el cuerpo y el entorno no siempre encajan como se espera.

¿Se lo imaginó o de verdad alguien lo estaba mirando?

Sentir una mirada no siempre significa que alguien esté ahí. Pero tampoco se puede negar que, muchas veces, algo dentro avisa justo a tiempo. Sea el cerebro, los ojos o una intuición más profunda, la sensación es real.

Esa duda es la que mantiene vivo el misterio. Porque aunque la ciencia ofrece explicaciones sobre neuronas, reflejos y atención inconsciente, hay momentos en los que el cuerpo reacciona antes que la lógica. Y justo ahí, en ese segundo en que se gira la cabeza y se encuentra una mirada fija, es algo que nadie ha podido explicar del todo.