Terremoto

En el Caribe tiembla menos, pero no está a salvo

Calles en Barranquilla

La región cuenta con ciudades en zonas de amenaza sísmica baja e intermedia, pero la vulnerabilidad de las edificaciones mantienen abierto el desafío de la prevención.

Tránsito de Barranquilla Calles en Barranquilla

El terremoto registrado recientemente en el país volvió a poner la mirada sobre una amenaza que, aunque permanece en un segundo plano en el Caribe colombiano, no debería ser ignorada: la actividad sísmica.

El ingeniero civil y especialista en diseño estructural Carlos Arteta Torres, profesor e investigador de la Universidad del Norte, explicó que Colombia está dividida en tres grandes zonas de amenaza sísmica: alta, intermedia y baja. En el Caribe, Barranquilla y Cartagena se encuentran en la zona de amenaza baja, mientras que Santa Marta, Riohacha y otras ciudades de la región están clasificadas en una zona de amenaza sísmica intermedia.

Pero, según el experto, esta clasificación no significa que las ciudades estén exentas de riesgo. La vulnerabilidad depende también de la calidad de las edificaciones, de cómo fueron construidas y de los controles que se ejercen sobre ellas.

El reto de las construcciones en el Caribe

Arteta explicó que las edificaciones desarrolladas bajo procesos de ingeniería deben cumplir con la normativa colombiana de diseño sismorresistente, vigente desde 1984. Esto implica contar con cálculos estructurales que determinen las dimensiones, materiales y refuerzos adecuados para columnas, vigas y muros.

El problema está, en buena parte, en las construcciones que se han desarrollado mediante autoconstrucción.

En diferentes sectores del Caribe existen viviendas que comenzaron siendo de un piso y que, con el paso del tiempo, fueron ampliadas hasta convertirse en edificaciones de dos o tres niveles, aunque sus cimientos originales no necesariamente fueron diseñados para soportar esas cargas.

Para el especialista, estas construcciones pueden convertirse en estructuras vulnerables.

El caso de Barranquilla también genera interrogantes frente a las modificaciones que sufren algunas edificaciones. Durante la entrevista se mencionaron sectores como Los Bloques, en la Ciudadela, donde algunas torres de cuatro pisos han recibido modificaciones y ampliaciones.

El riesgo no depende solo de la norma

El experto también llamó la atención sobre los controles a las construcciones. A su juicio, la vulnerabilidad de una ciudad está relacionada con la manera en que sus autoridades regulan y supervisan las edificaciones.

En este sentido, advirtió que no todos los constructores cumplen necesariamente con los estándares y que existen municipios donde las oficinas de planeación no cuentan con suficiente capacidad para realizar seguimiento a todas las estructuras.

“Cuando yo calculo y construyo un edificio, lo que estoy haciendo es un hábitat para proteger la vida de las personas”, es la premisa que, según explicó, transmite a sus estudiantes de ingeniería civil.

Santa Marta tiene una memoria sísmica de casi 200 años

Uno de los datos que más llama la atención en la entrevista es el antecedente histórico de Santa Marta.

El último terremoto que, según el especialista, afectó al Caribe ocurrió en 1834 y tuvo como epicentro la zona de influencia de Santa Marta. El evento ocasionó daños generalizados en poblaciones cercanas, entre ellas Taganga, además del colapso de la cúpula y daños en la Catedral de Santa Marta.

Han pasado casi dos siglos desde entonces, una distancia temporal que, de acuerdo con Arteta, dificulta que el riesgo permanezca presente en la memoria colectiva.

Los terremotos, explicó, no siguen los tiempos de las generaciones humanas: pueden ocurrir después de décadas o incluso siglos. Por eso, la ausencia prolongada de grandes eventos puede generar la falsa sensación de que la región está a salvo.

Un estudio que podría tardar dos años

La propuesta del especialista es que la región articule esfuerzos entre la academia, las organizaciones de ingenieros y las entidades competentes para desarrollar una microzonificación sísmica.

Según explicó, un estudio de estas características podría tardar alrededor de dos años y permitiría “sincerar” la amenaza sísmica del Caribe con información técnica más precisa.

La necesidad de este tipo de estudios adquiere mayor importancia en una región donde históricamente el riesgo sísmico no ha ocupado un lugar prioritario en las políticas públicas.

¿Qué pueden hacer los habitantes de edificios?

Mientras se fortalecen los estudios y controles, Arteta recomienda a los habitantes de edificios conocer las condiciones estructurales de sus viviendas.

Quienes viven en propiedad horizontal pueden solicitar a la administración los planos estructurales de la edificación y, si no tienen conocimientos técnicos, buscar la asesoría de un calculista. También recomienda revisar la trayectoria tanto de la constructora como del profesional encargado del diseño estructural.

En el caso de las nuevas propiedades horizontales construidas con sistemas de muros de concreto, el experto explicó que este tipo de estructuras puede presentar un buen comportamiento debido a la cantidad de muros y a su rigidez, aunque aclaró que la evaluación de cada edificación debe hacerse de manera particular.

No salir corriendo durante el sismo

Otro de los mensajes centrales del especialista está dirigido a quienes viven en pisos altos.

Ante un movimiento sísmico, recomienda no salir corriendo hacia las escaleras. Su consejo es buscar protección dentro del apartamento, por ejemplo debajo de una mesa, y mantenerse alejado de elementos que puedan desprenderse.

Según explicó, uno de los riesgos más probables durante un sismo no necesariamente es el colapso completo del edificio, sino la caída de ventanas, paredes, ladrillos o elementos de fachada.

En particular, advirtió que abandonar precipitadamente un edificio puede exponer a las personas a elementos que caen desde las fachadas hacia la calle.

El Caribe no debería esperar al próximo terremoto

Para Arteta, el hecho de que el último gran terremoto registrado en Santa Marta haya ocurrido hace casi dos siglos no debe interpretarse como una señal de tranquilidad permanente.

Por el contrario, considera que la región tiene actualmente las herramientas y el capital humano para comenzar a estudiar con mayor profundidad su amenaza sísmica.

La apuesta, plantea, debe ser pasar de la percepción de que “aquí no tiembla” a una política de prevención basada en conocimiento del territorio, mejores controles sobre las construcciones y estudios de microzonificación que permitan identificar dónde están los mayores riesgos antes de que ocurra una nueva emergencia.

Temas clave

¿Qué nivel de amenaza sísmica tienen las principales ciudades del Caribe?

Barranquilla y Cartagena están clasificadas en una zona de amenaza sísmica baja, mientras que Santa Marta, Riohacha y otras ciudades de la región se encuentran en una zona de amenaza intermedia.

¿Por qué el Caribe colombiano no debe confiarse frente a los terremotos?

Porque una baja frecuencia de grandes sismos no significa que la región esté exenta de riesgo. Además, la vulnerabilidad de las edificaciones, especialmente las construidas mediante autoconstrucción o ampliadas sin estudios estructurales, puede aumentar las consecuencias de un terremoto.

¿Qué papel juega la falla de Oca en el riesgo sísmico del Caribe?

La falla de Oca, ubicada en la zona de Santa Marta, forma parte del contexto geológico asociado con la interacción entre la placa del Caribe y la placa Suramericana y está relacionada, según el especialista, con el terremoto que afectó a Santa Marta en 1834.

¿Qué propone el experto para conocer mejor el riesgo sísmico del Caribe?

Realizar estudios de microzonificación sísmica, que permitan determinar con mayor precisión cómo podría comportarse el territorio durante un terremoto y cuáles sectores presentan mayor vulnerabilidad. El especialista estima que un estudio de este tipo podría tardar alrededor de dos años.