Con las redes cada vez más vacías y jornadas que ya no garantizan el sustento diario, los pescadores artesanales del Huila lanzaron una alerta por la difícil situación que atraviesan debido a los bajos niveles del río Magdalena y las altas temperaturas. Según el gremio, la pesca ha disminuido cerca de 70%, afectando directamente la economía de decenas de familias que dependen de esta actividad.
Uno de los sectores más afectados está en el corregimiento de Fortalecillas y el Venado, en zona rural de Neiva, donde aproximadamente 205 familias tienen relación directa con la actividad pesquera. Los trabajadores aseguran que las condiciones del río han cambiado considerablemente y que cada vez resulta más difícil conseguir las cantidades de pescado que anteriormente obtenían durante una jornada normal.
Ya no son arrobas sino libras
“La situación se refleja directamente en las redes, actualmente podemos terminar una jornada con apenas 8 a 20 libras máximo de pescado, ya no hablamos de arrobas sino libras, una cantidad que representa una reducción considerable frente a lo que conseguíamos en condiciones normales”, indicó Félix Valderrama, presidente de la Asociación de pescadores artesanales SOAGROPEZ de fortalecillas.
Y es que la situación está generando preocupación entre quienes viven de la pesca, especialmente porque no se trata solamente de una reducción temporal en las capturas, sino de un escenario que podría extenderse mientras continúen las altas temperaturas y los bajos niveles del río.
“Entre las especies que más nos preocupa es el bocachico, uno de los peces tradicionalmente asociados al río Magdalena y que presenta en este momento una disminución en la pesca. Cucha siempre hay, pero están saliendo muy pequeñas, el río Magdalena está totalmente seco”, puntualizó.
Un río contaminado
Los pescadores también advierten sobre otros factores que agravan el panorama, además de la sequía y las altas temperaturas, señalan situaciones relacionadas con la contaminación y el deterioro de las condiciones del río, por la basura que se bota en él, las aguas negras y , circunstancias que podrían estar afectando el ecosistema y la disponibilidad de especies.
"Hemos encontrado pescados ya como con llaguitas encima del pescado, está bastante complicado también este tema. Es una temporada muy dura, tanto por la sequía como por la contaminación", explicó Valderrama.
Para estas familias, el problema va mucho más allá de no poder llenar las redes. La disminución de la pesca significa también menores ingresos para quienes dependen diariamente de la venta del pescado para comprar alimentos, pagar servicios y sostener sus hogares.
Solicitud a las autoridades
“Por eso estamos solicitando que las administraciones municipales y departamentales, así como el Gobierno Nacional, adopten medidas para apoyar a las comunidades que viven de esta actividad durante la temporada seca, que nos brinden soluciones porque estos calores y la sequía nos afecta bastante”, agregó Valderrama.
Una de las principales solicitudes es la implementación de proyectos productivos que permitan generar ingresos alternativos mientras las condiciones del río dificultan la pesca. Los trabajadores consideran que estos programas podrían convertirse en un respaldo temporal para las familias que actualmente están viendo reducidos sus ingresos.
También piden una mayor participación del Huila en los espacios nacionales de diálogo relacionados con el sector pesquero, con el objetivo de que la situación de las comunidades de la región sea tenida en cuenta en las decisiones y programas que se diseñen para enfrentar la crisis.
La preocupación ahora está puesta en cuánto tiempo más podrán resistir las familias que viven de las redes si la sequía y las altas temperaturas continúan afectando el principal escenario de trabajo de los pescadores artesanales del Huila.