Cada aguacero en Neiva se convierte en una pesadilla para los más de 150 perritos rescatados que viven en la fundación Ohana Peluchínes. Lo que debería ser un refugio seguro termina convertido en un lodazal de agua, barro y goteras, donde los animales pasan las noches mojados, temblando de frío y buscando un rincón seco para dormir.
La situación es tan crítica que las ayudas oficiales apenas alcanzan para garantizarles comida durante 11 días; el resto del mes y del año dependen completamente de donaciones, rifas y de la solidaridad de la comunidad.
“Esto no se viene presentando hace poco, la verdad se viene presentando hace rato. He intentado mostrar en videos varias veces los acontecimientos, el problema que hay cada vez que llueve. Lastimosamente, el lugar se encuentra como hundido de tanto que hemos recogido el popó. Eso se ha ido como perdiendo tierra”, indicó María José Navarro, representante y fundadora de Ohana Peluchínes. (sic)
La fundación está ubicada en el sur de la ciudad, en la vía hacia el Caguán, en un terreno que está a un nivel más bajo que la carretera; esa situación hace que cada lluvia arrastre el agua directamente hacia el refugio. Cuando cae un aguacero fuerte, el refugio prácticamente se inunda.
“Estamos en un desnivel más bajito que el de la carretera. Por ende, nos entra agua por todos lados y, aparte, ya varios techos se han deteriorado por el tiempo y porque hay una perrita que lastimosamente se me sube al techo y me daña las tejitas de zinc; sin embargo, hemos intentado buscar un lugar para podernos trasladar porque esto se inunda, se encharca. He intentado poner escombro y demás para amortiguar el piso, pero no es suficiente”, agregó.
¿Cómo conoció la fundación?
Desde 2019 trabaja en el rescate de animales abandonados y en 2021 logró legalizar la fundación, con la esperanza de conseguir apoyos para mejorar las condiciones del refugio. Sin embargo, la realidad ha sido más dura de lo esperado.
“Hace mucho tiempo, yo empecé ayudando a la gente de refugios y demás, donando bultos porque yo estaba terminando mi carrera de ingeniería de petróleos, entonces mi forma de ayudar era esa. En el 2019 realizamos una donación a un señor que se accidentó, precisamente era acá, y yo sentí que estos animales me necesitaban, empecé a ayudar, me metí más en el tema y ya después pasaron problemas con esta persona, discusiones y pues desde ahí me he hecho cargo de los perritos”, puntualizó Navarro. (sic)
Durante años han intentado reducir las inundaciones rellenando el terreno con escombros y material improvisado, pero el problema continúa empeorando. Cada invierno deja nuevas afectaciones y pone en riesgo tanto la salud de los animales como el funcionamiento de la fundación.
La situación es aún más complicada porque el lote donde funciona actualmente el refugio no es propio. Eso les impide hacer adecuaciones permanentes o gestionar servicios públicos básicos; no cuentan con agua potable ni energía eléctrica estable, lo que dificulta labores esenciales como limpiar los espacios o atender emergencias veterinarias durante la noche.
¿Cómo llegan los perritos?
A pesar de las dificultades, en la fundación cuidan a los animales que han recibido o rescatado: aquellos abandonados, atropellados o víctimas de maltrato, muchos en condiciones críticas, desnutridos o enfermos, que requieren atención médica inmediata.
"Muchas veces me los dejan acá amarrados o a las cachorros me los dejan en cajas, envueltos en bolsas de regalo, envueltos en bolsas, gaticos y normalmente me los dejan muy enfermos, los han dejado convulsionando. Por ejemplo, a Alejandro lo dejaron acá convulsionando. Muchos son casos que ya vienen o ancianos, nos dejaron acá un perrito como de 15, 16 años, un píncher. Logró durar con nosotros unos 4 años y medio más porque tenía cáncer. Entonces, son diferentes formas también como llegan", compartió Navarro. (sic)
Frente a este panorama, la fundación decidió iniciar una ‘vaki’ solidaria a través del link que está en su página oficial para recaudar recursos y comprar un terreno propio. La meta es construir un refugio digno, seguro y adecuado para los animales rescatados, donde no tengan que seguir soportando inundaciones, barro y goteras cada vez que llueve en la ciudad.
“Para las donaciones en las redes sociales nos pueden escribir o me pueden escribir a mí al 316-756-8716. Ese es mi número personal, y en las redes sociales como Facebook aparecemos como Fundación Ohana Peluchínes o Majo Navarro M., que es mi perfil personal porque manejo las dos; asimismo, hay un voluntariado que yo organizo normalmente, pues la gente puede venir, yo vengo todos los días”, indicó María José.
La historia de Ohana Peluchínes refleja una problemática que enfrentan muchas fundaciones animalistas en el país: rescatan cientos de vidas con muy pocos recursos y sobreviven gracias al esfuerzo voluntario de personas que, pese al cansancio y las dificultades económicas, se niegan a abandonar a los animales.